¡Que todos en Jerusalén le den gracias!
Jerusalén, ciudad santa,
Dios te castigará por los pecados de tus hijos,
mas de nuevo tendrá piedad de los hijos de los justos.
Jerusalén, da gracias dignamente al Señor
y alaba al Rey de los siglos
para que de nuevo su Templo sea construido con alegría.
Que haga de ti de alegría a todos los desterrados
y muestre su amor a todo miserable
por todos los siglos de los siglos.
Pueblos numerosos vendrán de lejos
para celebrar el Nombre del Señor
trayendo en sus manos obsequios
para el Rey del cielo.
Todas las generaciones
en ti darán señales de alegría,
y tu nombre será glorioso para siempre.
Entonces te alegrarás por los hijos de los justos,
pues todos volverán a reunirse,
para alabar al Señor de los siglos.
¡Dichosos los que te aman
y se alegran de tu paz!
Bendice, alma mía, al Señor y gran Rey,
porque Jerusalén va a ser de nuevo construida
y la construirán con zafiros y esmeraldas.


(Tobías 13, 10-13.15.16a-17)

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