Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece, hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.
Dadle gracias, israelitas, antes los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza, ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro Padre por todos los siglos.
Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre todas las naciones
por donde estáis dispersados.
Si volvéis a él de todo corazón y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros y no os ocultará su rostro.
Veréis lo que hará con vosotros, les daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia y ensalsaréis al rey de los siglos.
Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder a un pueblo pecador
Convertíos pecadores, orad rectamente en su presencia:
quizás os mostrará benevolencia y tendrá compasión.
Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo, y me alegraré de su grandeza.
Anuncien todos los pueblos sus maravillas y alábenle sus elegidos en Jerusalén.


(Tobías 13,1-10)

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