Oh Jesús, eterno Pontífice,
que os dignasteis elevar a la suprema dignidad de Vicario vuestro en la tierra a vuestro Siervo fiel Pío XII,
al que concedisteis la gracia de un defensor intrépido de la fe, un fervoroso campeón de la justicia y de la paz,
un piadoso glorificador de vuestra Santísima Madre y un luminoso modelo de caridad y de todas las virtudes;
dignaos ahora, en vista de sus méritos,
concedernos las gracias que os pedimos, a fin de que seguros de su eficaz intercesión ante Vos, podamos un día en la gloria de la altares.
Así sea

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