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Señor, hemos creado un mundo global, una ciudad intercomunicada, un laberinto de solitarios. Te confieso que muchas veces me encuentro solo y perdido en medio de esta tupida red.

Tú que diste a José María Rubio la capacidad de consolar a los solitarios y a los tristes, mostrando en Jesús el amor que nunca falla y el amigo que siempre espera, te ruego por su intercesión que me acompañes en el camino, me concedas la alegría de vivir y me señales mi auténtico fin, orientándome entre tantos reclamos y solicitudes. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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