Oh Jesucristo,

que tu muerte sea mi vida

y en tu muerte sepa yo hallar mi vida,

que tus trabajos sean mi descanso,

tu debilidad, mi fortaleza,

tu confusión, mi gloria,

tu pasión,  mi felicidad,

tu tristeza, mi gozo.

En una palabra,

que en sus males estén todos mis bienes,

pues Tú rescataste mi vida

que tendía a la muerte sin remedio,

y destruiste la muerte,

que parecía iba a durar para siempre

y no iba a ser vencida.

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