Con gran devoción y una más sentida piedad,

espero y suplico, oh Señor, que me sea concedido

ser siervo y ministro de Cristo el Consolador,

ser ministro de Cristo el Redentor,

ser ministro de Cristo que sana,

el Liberador, el Enriquecedor, el Fortalecedor.

Ser capaz a través de Ti, de ayudar a muchos,

de llevarles luz no sólo para sus almas,

sino también para sus cuerpos,

y de llevarles por igual otros beneficios para el cuerpo y alma,

a todos y cada uno de mis prójimos,

esto lo pido por Cristo Nuestro Señor.

Amén.

Fuente:[1]

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