Oh, San Leopoldo, dócil instrumento de la Misericordia de Dios en el sacramento de la penitencia, obtiene para nosotros la gracia de confesarnos a menudo y bien, para poder tener siempre el corazón libre del peso del pecado.

Tú que fuiste imagen de la bondad del corazón de Dios para los pecadores, haz que nuestra vida pueda testimoniar que Dios es un Padre Bueno, rico en Misericordia.

Tú, que en tu vida alimentaste un amor tierno hacia la Virgen y fuiste correspondido con muchos favores, ahora que estás feliz junto a Ella, ruégale por nosotros, que mire nuestras miserias y siempre sea nuestra Madre misericordiosa.

Oh, San Leopoldo, que siempre tuviste compasión por el sufrimiento humano, ven en nuestra ayuda; no abandones a los que están en la desesperación del pecado sino llévalos hacia el corazón de Dios.

¡San Leopoldo Mandic, ruega por nosotros!

El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.