San Francisco Coll, Servidor de la Palabra,
renueva en mi persona tu espíritu de servicio
a la manera de Cristo.
Conduce mi vida por el camino de la compasión
para llevar el consuelo a tantas víctimas del desamor.
Fortalece mi ilusión de ser como fuiste:
una señal del amor de Dios entre los hogares y vecindarios,
necesitados del pan de comer y el pan del saber.
Que la santidad de tu vida me inspire
a humanizar la sociedad del nuevo siglo,
urgida de acciones que eduquen
para el diálogo, la paz y la solidaridad.
San Francisco Coll,
ejemplo de coraje para asumir con insistencia
la llamada de Jesús
y la proclamación de su Palabra,
ayúdame a enfrentar con sabia decisión
los desafíos de estos tiempos
con la fuerza que lo proclamaste
cuando quedaste ciego,
en el último tramo de tu vida:
“Que para enseñar a otro la humildad se debe ser humilde;
que para enseñar la caridad
debe practicarla el que la ha de enseñar;
que los hombres creen más fácilmente lo que ven los ojos
que lo que escuchan por los oídos”.
En comunión con los hombres y mujeres
que como vos, San Francisco Coll,
vieron con los ojos del alma
la novedad del Evangelio,
le damos gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
por el reconocimiento de la Iglesia
al testimonio de tu vida y misión.
Pedimos tu gloriosa intercesión
por la obra de la Anunciata
en todos los pueblos y aldeas del mundo.
Amén.

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