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Oh dulcísimo Jesús, que con tus palabras y tus ejemplos nos has predicado tan elocuentemente el precepto de amar al prójimo, dígnate glorificar esa misma caridad cristiana, coronando con la aureola de los Santos a tu siervo san Damián que, inflamado en tu amor, quiso vivir y morir al servicio de los pobres leprosos de Molokai.

Un padrenuestro y cinco avemarías pidiendo el reinado del Sagrado Corazón diciendo tres veces estas jaculatorias:

"Corazón divino de Jesús, venga a nosotros tu Reino".

"María, Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros."

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