Dios, Padre nuestro:

Tú llamaste a Arnoldo y José
para que fueran apóstoles
de tu Hijo, el Verbo Divino,
confiándoles la misión
de llevar la Buena Noticia de paz,
amor y promoción humana
a todos los pueblos.

Ellos gastaron su vida
para que Jesús fuera conocido,
amado y anunciado en todo el mundo.

El testimonio de Arnoldo y José
motivó a muchas personas
a dedicarse a la misión,
más allá de nuestras fronteras.

Que su entusiasmo nos conmueva y,
colaborando en la construcción del Reino,
se renueve todo lo Creado.

Dios transformó nuestro mundo,
en un solo corazón con muchos rostros.
Que por la acción misionera,
tantos rostros vivificados por el Espíritu de Cristo,
formen un solo corazón.

Amén.

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