Señor,
que amas a todos
y enviaste a Jesús, el Verbo Divino,
para congregar en la unidad a tus hijos
dispersos por el mundo.

Te damos gracias
porque, por medio de Arnoldo
promoviste una acción misionera,
impulsado por “el vayan y enseñen a todos”,
y que hoy abraza a los cinco continentes.

Renueva en nosotros
la gracia de la santidad,
de manera que podamos vivir
plenamente el Evangelio
y así mostraremos tu Iglesia al mundo,
como sacramento universal de salvación.

Amén.

Fuente:[1]

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