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Naciste en un rincón de Buenos Aires
y volviste muy niño hacia la España
hasta encontrar la estrella lasallana.

San Héctor Valdivielso, desde el cielo
ruega por esta tierra que es tu patria.
Que por tu testimonio y por tu ruego,
nos encendemos en tu misma llama.

Siguiendo los caminos de La Salle,
la escuela fue tu campo de batalla.
Luchabas con paciencia y con valor
tomando como espada la Palabra.

Arriesgaste tu vida en la tormenta
y te entregaste a Cristo con confianza.
Regaste la semilla que sembraste
con la luz de tu sangre derramada.

Gozaste hasta la muerte del apoyo
de tu comunidad sacrificada.
Que ese ejemplo nos mueva a construir
una Iglesia más fiel y más hermana.

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